
Otra vez llegó con una pila de libros de poesía. Cuando puedas los lees, sin prisa. Era Benedetti, otra hermosura que me llegó con su delicadeza habitual.
Cuando ayer vi un aviso de correos pensé en la única manera que, de un tiempo a esta parte, estoy acostumbrada a pensar, en prosa. Pero no, ahora llegaba Pitingo para regalarme una tarde de Ayamonte a Mississipi con Habichuelas, Gloria y Corazón.
Que las hadas te bendigan, Valen querida.
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