jueves, 14 de febrero de 2008

El cuento de Nica

Había una vez un país parecido a todos los países parecidos a él. En este país vivía una niña llamada Nica que estudiaba para protagonista de un cuento. En realidad la niña se llamaba Nicanora, por su abuela; pero todo el mundo, por economía y compasión, la llamaba Nica.

—Y ¿de qué va a ir tu cuento, Nica?, le preguntaban las amigas.
—Va a ser un cuento muy bonito. No hay reyes ni roques, ni ricos ni pobres, ni guerras. Las mujeres y los hombres son iguales y se quieren los domingos, los lunes y los jueves, por lo menos. Y hay un Congreso con más diputadas que diputados.
—No le des tanto al pegamento, tía, le decían las amigas. Eso no es un cuento; es un chollo camino de ser un capullo. Los protagonistas de los cuentos siempre son los tíos: Pulgarcito, Robinsón, Pinocho, Pinochet y Etcétera, ¿te enteras? Capullos vosotras. Y Alicia ¿qué?, decía Nica. Y salía corriendo.

Nica estudiaba todo lo que podía y más. Se estudió el Teorema de Pitágoras en versión estereofónica, la cría del gusano de seda en la China Meridional, la ecuación del paro creciente habiendo tantas cosas por hacer y eso en números complejos, la guía de Teléfonos al derecho y al revés, un cuaderno de versos de su abuela y hacía todas las sopas de letras que caían en sus manos.
Así fue descubriendo muchas cosas. Por ejemplo, que los tanques de chocolate salían más baratos que los de hierro y además los niños se los podían comer al acabar los desfiles y que, en vez de mandar dos tíos a la Luna, se podía hacer una sartén de migas para que estuvieran comiendo todos los hambrientos de la tierra sin parar hasta el mes de Junio del año 2321, teniendo en cuenta los años bisiestos.

Casi todos los miércoles que hacía sol, Nica le decía a su madre:

—Mamá, ¿tú crees que voy a poder ser protagonista de mi cuento?. Sería tan bonito...
—Pues claro que sí, hija -le contestaba su madre-; pero ahora tienes que traerme aceite y unos tomates de la tienda y luego friegas el suelo y los platos, que tu hermano tiene que estudiar.
—Pero mamá, si él no quiere ser protagonista de nada.
—Ya lo sé, hija, pero estudia para hombre.

Nica siguió haciendo las faenas de la casa y estudiando sin parar cosas para su cuento. Cuando tuvo 20 años le pareció que ya era hora y le dijo a su padre:

-Papá, ya estoy bien preparada. ¿Me llevas al banco de los cuentos y pedimos un crédito para el mío?
-Claro que te voy a llevar un día, hija -le contestó su padre-; pero ahora no puede ser: Tengo el piso hipotecado y hay expediente de crisis en la empresa. Además, te tienes que casar porque todas las mujeres, aun de los cuentos, se casan.

Entonces Nica se casó con un chico que trabajaba en los albañiles y se llamaba Pedro y tuvo siete hijos. Además de llevsar la casa y de cuidar de los niños, Nica tenía que echar algunas horas haciendo portales y escaleras, pero todavía por las noches seguía estudiando para ser protagonista de su cuento. Ahora estudiaba las relaciones entre las Profecías de Nostradamus y el Índice de Precios al Consumo, dos manuales de Derecho Canónico, herencia de un tío cura, y un libro muy gordo sobre las termitas donde explicaba muy bien cómo, juntándose todas, eran capaces de cargarse murallas enteras por más altas que fueran. Esto último le daba mucho gusto.

Cuando Nica se quedó viuda y se le casaron los siete hijos, le quedó un poco de tiempo libre y se dijo:

—A lo mejor es aún demasiado pronto para mi cuento.
En el cementerio le pusieron una lápida con su nombre: Nica. Unos días después, alguien, no se sabe quién, puso debajo del nombre un letrero con spray verde que decía: Protagonista del cuento de nunca empezar.

Mariano González Mangada.

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